EL AUGE CULINARIO DEL CUY
Se ama o se odia: el cuy, o conejillo de
indias o cobaya (Cavia porcellus para ser exactos) es un plato clásico andino
que forma parte de la oferta culinaria local desde la época preincaica. Y antes
de que nadie desentierre recuerdos de infancia de adorables mascotas en señal
de protesta, haya que dejar en claro que estos picaros roedores honraban las
mesas andinas mucho antes de que Europa los consideraran un animal doméstico.
El explicar con detalle la historia
gastronómica del cuy. Propio del nuevo mundo, es más difícil intentar en cazar
uno solo con las manos. Se dice que el cuy se domestico hace más de 7000 años
en las montañas del sur del Perú, donde hoy habitan poblaciones salvajes. En
Chavín de Huantar se han encontrado pruebas irrefutables de poblaban la zona de
los andes alrededor del año 900 a.C.
tras la llegada de los españoles en el s. XVII, el cuy fue llevado a Europa. Ya
por esa época, este pequeño y simpático roedor cosecho una gran fama en el
viejo mundo como un animal de compañía exótico (dicen que la reina Isabel I de
Inglaterra tenia uno).
Los cuyes son prácticos de criar y llevan
siglos adaptándose para sobrevivir en entornos como los altiplanos andinos o
los yermos desiertos costeros. Actualmente en muchos hogares andinos se crían
cuyes como una cabeza de ganado más y a menudo se ven correteando por la cocina
como animales de campo. Son una alternativa de ganado perfecta: tienen una lato
contenido proteico, se alimentan de sobras, se reproducen con facilidad y
necesitan mucho menos espacio y cuidados que otros animales domésticos
tradicionales.
El cuy se considera un verdadero manjar,
tanto, que en muchas interpretaciones indígenas de la ultima cena, Jesús y sus
discípulos se disponen a comer un último y copioso banquete de cuy asado.
Como parte de la cultura andina, y no solo
en la mesa, los utilizan los curanderos en sus ritos ceremoniales. A veces
frotan el cuerpo de una paciente con cuy para percibir el origen de una
enfermedad y en las ceremonias chamanicas en ocasiones se ingieren su carne en
lugar de las plantas alucinógenas.
Superadas las inhibiciones sentimentales,
se recomienda probar esta delicia peluda. Su rico sabor es una mezcla de conejo
y codorniz, si se prepara bien, es un plato excepcional con miles de años de
historia.
